La llegada de tres niños en busca de ayuda porque su primera droga de consumo fue fentanilo impactó al personal de Unidos con Esperanza AC, un centro especializado en tratamiento de adicciones, en Tijuana. Sus edades, entre 12 y 13 años, representaron un episodio inédito.

A la organización no habían ingresado pacientes menores intoxicados con el opioide. A principios de año, un grupo de niños se reunió en una fiesta. Uno de ellos llevó pastillas de fentanilo y algunos consumieron varias. Tres fueron hospitalizados, entre ellos Jeremías, de 12 años, quien, por iniciativa de su mamá, ingresó a rehabilitación.

Jeremías, nombre empleado para proteger su identidad, presentaba conductas de riesgo, expone Angélica Medina, directora del centro. Era desafiante y poco tolerante a la autoridad en casa y escuela. Los centros de rehabilitación en Tijuana enfrentan el reto de la reconfiguración del mercado de narcóticos en la zona. Medina hace un recuento: los jóvenes que solicitaban atención, hace una década, se iniciaban en el consumo de drogas con heroína. Después, con cristal o metanfetamina.

Desde 2018, empezaron a llegar consumidores de fentanilo, la droga sintética 50 veces más potente que la heroína y que ha causado miles de muertes por sobredosis en Estados Unidos.

Por dahemont

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