Aquí no todas las ametralladoras dicen “Made in the USA”. Las leyendas impresas en sus dorsos varían y hablan de que las redes de tráfico de armas hacia nuestro país tienen muchos tentáculos en el planeta, algunos en otros continentes y hasta eras: “Product of Egypt”, “Proizvedeno u Srbiji”, “Fabricat in Romania”, “Zhōngguó zhìzào”.

Algunas, las menos, dicen “Hecho en México”, pero todas, de una u otra forma, siguieron un camino desde distintas décadas, ejércitos y puntos del mundo hasta llegar a Michoacán, a manos de Los Templarios, el cártel Jalisco Nueva Generación, Los Viagras, Cárteles Unidos y otras organizaciones criminales o delincuentes comunes que operan en el estado. ¿Cómo se sabe? Por una de las bases de datos armamentísticas más poderosas y bien organizadas de México.

Con apoyo de Washington y como parte de una estrategia encaminada a impulsar el rastreo de armas a nivel estatal, la Fiscalía General de Justicia de Michoacán ha logrado crear una bóveda de resguardo de evidencias que es parte museo letal, parte proyecto diplomático y parte Naciones Unidas armamentístico. 

Es un plan de trabajo conjunto al que los gobiernos michoacano y estadunidense le apuestan para reducir el número de armas que circulan por uno de los estados más violentos del país. “Es de lo mejor que he visto”, admitió el jefe del buró de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego en México, Timothy Sloan; “Esta bóveda no le pide nada a las que tenemos en Estados Unidos“.

Por fuera, la bóveda solo es un edificio más de la fiscalía michoacana, pero por dentro, resguarda un arsenal digno de un ejército pequeño.

Por dahemont

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